8 ago. 2014

España y la cultura de lo macabro

Tenía yo 9 o 10 años, y estaba pasando el mes de Agosto en Salamanca, en casa de mi abuela. Uno de esos días mis padres decidieron hacer una excursión a Alba de Tormes, un pueblecito a unos pocos kilometros de la capital. Fue allí cuando tuve mi primera experiencia con la cultura de la muerte, o cultura de lo macabro, que tanta raigambre tiene en este país.

Resulta que uno de los atractivos "turísticos" de la localidad, es nada menos que una reliquía: el brazo incorruptible de Santa Teresa de Jesús. Lo tenían expuesto, metido en un relicario, una especie de matraz ominoso con detalles en oro y una gran base de madera. Dentro, estaba el susodicho brazo, que se asemejaba a una especie de mojama o embutido en mal estado. Si a eso le sumamos el olor a alcanfor y a madera vieja de la iglesía, aquello no puede calificarse sino de performance obscena. Ni el mas transgresor de los artistas conceptuales podría lograr ese impacto. Salí de la iglesia con nauseas y les pedí a mis padres que no me llevaran nunca más a ver algo así. Y así, a la tierna edad de 10 años, empezé a pensar que la gente estaba mal de la cabeza. Luego me dí cuenta que no es "la gente", sino este país, o una parte sustancial de él.

Brazo "incorruptible" de Santa Teresa
La celebración o sacralización de la muerte y el gusto por lo macabro (que son cosas separadas, aunque suelen ir juntas), es omnipresente en España, y sobre todo está arraigado en tradiciones y comportamientos ancestrales. La fiesta del pueblo en la que tiran una cabra desde el campanario, el sufrmiento autoinflingido de los costaleros en las procesiones, los cristos vivientes, los toros…todo ello gira entorno a la muerte. La muerte del toro (y ocasionalmente, la del torero), la muerte de Jesús, la muerte… siempre la muerte y el sufrimiento. La sangre es importante. Sin sangre, parece que no es lo mismo, que no les gusta tanto. No les parece tan sagrado, tan trascendente. Mi opinión es que una sociedad que venera el sufrimiento, que lo convierte en algo trascendente, es una sociedad enferma. El sufrimiento, y el sufrimiento físico en concreto, forman parte de la vida, y del ser humano. Aceptarlo es una cosa, pero venerarlo.…mal asunto.

Pero es un error pensar que esta afición por la sangre se reduce a lo "ritual" (aqui englobariamos lo religoso, pero también la tauromaquia). También ocurre sin necesidad de que haya ningún tipo de significación adicional. A este respecto, me impactó una entrevista a Carlos Iglesias, a razón del estreno de su pelicula "Un franco, catorce pesetas" sobre el regreso de unos inmigrantes españoles en Suiza a un barrio del Madrid de los años 60. Iglesias cuenta que, volviendo de una Suiza verde, casí idílica, se encontro con que, en aquel barrio de Madrid, unos chavales se dedicaban a reventar a pedradas (literalmente) a los perros callejeros. Spain is Different. Los que hemos veraneado en pueblos, sabemos como se ha tratado a los perros en el campo. Y sabemos también que lo del padre poniendo la escopeta en las manos al rapaz para que matase a un perro -como ritual de paso a la adultez- era bastante habitual. Esto lo recoge Rosa Montero en su novela "El corazón del Tártaro":

Un día estabamos en la casa del pueblo. Porque en las vacaciones siempre volviamos al pueblo, y mi padre alardeaba  de coche bueno y se iba al bar a beber whisky en vaso largo (..) estabamos sentados en el porche y atardecía. Mi padre estaba limpiando su escopeta de caza (..) entonces mi padre me dio en el brazo, y me dijo "a que no tienes huevos para pegarle un tiro a ese chucho" (..) Ahora apunté al perrillo y empecé a sudar. Mi padre se reía: "Venga cabrón, dispara... si es muy fácil... " (..) "Ya sabía yo que no tendrías cojones". "Ya sabía yo que eras un maricón".

Aquí lo de la virilidad ligada al hecho de matar (y con ello, matarse emocionalmente a uno mismo), es muy típico. Eso es ser un omvre. Un país con estas mimbres, y luego la gente quiere que seamos "un país serio" como Francia, no tener incomodos nacionalismos, ser ricos, y vivir tranquilamente trabajando, tener mujer y amante, y comer queso y beber vino. Pero como vamos a ser como Francía, hombre. Si somos un país de mataperros y de cainitas. Aquí tenemos fosas comunes repartidas por las veredas de toda la nación. Y si las paredes hablasen, cuantos horrores contasen.

Tampoco olvidaré a un familiar, al que ibamos a visitar todos los veranos. Y en una de esas visitas, alrededor de una mesa repleta de chorizo, salchichón y queso casero, y con mirindas de limón para los niños, aquel hombre sacó el tema de los vascos, y entró en una especie de bucle, en el que murmuraba entre dientes, mostrando una sonrisilla siniestra, algo así como "mucho hijo de puta, es lo que hay allí", y lo murmuraba con unos ojos febriles, llenos de muerte. Era fiebre sí, fiebre homicida, fiebre cainita. En ese momento supe que si esre hombre hubiera tenido la oportunidad de mandar fusilar a unos etarras (culpables o no), o ya puestos a unos rojos, no lo hubiera dudado ni por un momento. O ya puestos, a unos rojos. El señor tenía edad como para haber estado en la guerra civil. Se había amamantado con odio, como mucha gente en esa época. Luego, muchos años despues, supe que este hombre se había escondido para que no le llamaran a filas los nacionales, y así pasó la guerra, oculto en algun pajar donde le iban a llevar comida las hermanas.

Volviendo a la guerra civil, otro episodio impactante fue el asesinato de Lorca. Dice la Wikipedia (basandose en un libro de Paul Preston) que un exdiputado de la CEDA denunció a Lorca ante el gobernador civil de Granada. Por espía ruso (acusación absurda, pero tampoco hacía falta mucha justificación para quitar del medio a "un intelectual rojo, y encima maricón"). Hay muchas versiones acerca de los sucesos previos a su muerte, pero está claro que Lorca se escondía en casa de Luis Rosales, un poeta amigo de Lorca, y además falangista. Sea como fuere, el gobernador civil detuvo a Lorca, y al día siguiente, de madrugada, los fusilaron. Dicen que el gobernador civil consultó a Queipó de Llano (general de los Rebeldes), y este dijo "Dale café, mucho café" (siempre según Paul Preston). Lo mataron junto con un maestro, y dos banderilleros anarquistas, y los echaron en una fosa común. Parece ser que los autores materiales se mofaron de su condición de homosexual. Otra vez el asesinato como insignia de virilidad.

También hay mierda en el bando republicano. En el libro "Una historía de la guerra civil que no va a gustar a nadie", Eslava Galán cuenta como en el Madrid cercado por las tropas rebeldes, eran comunes los asaltos a las casas de los ricos, y el asesinato de estos via tiro en la cabeza, en cualquier callejón. También narra el testimonio de un hombre, que viajando en tranvía, escucho a una mujerzuela contar como habían entrado en casa de unos ricos, los habían asesinado, y como al hijo nonato de estos, ella personalmente le había estampado el craneo contra una pared.

Y es que en muchos paises la gente se ha matado entre sí, pero no con esta saña, este odio, este gusto por la sangre. Eso solo ha pasado (y pasa) en Africa. Y en España. Quizá también ocurrió en yugoslavia. Pero en la mayoir parte de los paises occidentales, este gusto por loa sangre finalizó con la SGM. En España, la guerra civil no fue sino un horrible catalizador de ese gusto por el asesinato y lo macabro.

La guerra acaba, pero España sigue, bajo una bandera mas roja que amarilla. El olor rancio a alcanfor y a madera vieja de las iglesias y el cristo sangrante se tornan metafora y símbolo del nuevo regimen. Por todos es sabido que Franco se hizo con una reliquia -la mano incorruptible de Santa Teresa-  (el de Alba de Tormés era el brazo, no se confundan -en España, no será por reliquías ni por trozos de cadaver santíficados-) y la trasladó a su capilla persona.

Es a partir del ascenso de Franco, cuando la tauromaquía se convierte en simbolo de españolidad.

Viva Ejpaña.
Yo siempre he sentido aversión por la tauromaquía. Pero no solamente porque se torture a los animales -que también-, sino por la naturaleza macabra del evento en sí. Me disgustan esos animalistas que disfrutan cuando el toro le hace un "siete" a un torero. Por mucho que uno esté en contra de algo, no estremecerse ante el daño físico de un ser humano, me parece de tener el alma bastante retorcida. La Tauromaquía es en realidad la ritualización del horror que nos es tan caro. La explicación de la vida a través de la muerte, la celebración de la virilidad del matador que mata, la trascendencia del sufrimiento y la sangre, el gusto estético por lo bizarro y lo extremo, la propia significancía del animal como simbolo de lo ancestral y de lo primario. Quizá lo último sea lo único salvable, pero de eso hablaré en otra ocasión. En resumen: para mi la sangre del toro es la sangre de Lorca, o paradógicamente, la de los banderilleros asesinados junto a el. Es la celebración del horror que subyace.

Con tantos curas, frailes y beatas  que ha habido en este país, es raro que nadie se haya dado cuenta de que ibamos por muy mal camino. Rojos, Azules, y demás colores. Ahora la gente ya no se mata -generalmente-, pero el odio sigue ahí. Basta leer la sección de comentarios de cualquier periodico digital. Ahí la gente se quita la mascara social, y protegidos por el anonimato, dicen lo que piensan.